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miércoles, 24 de diciembre de 2014

¿A cuántas personas podrías decirles esto?

Llámame cuando me necesites, no pierdas mi contacto, no tengas pudor en despertarme, en pillarme en mal momento..., siempre estaré ahí, siempre te contestaré, JAMÁS dejaré de responderte. No lo olvides, recuérdalo...

Y ahora..., pensadlo, ¿a cuánta gente de la mucha que conocéis, seríais capaces de decirle esto? Y mejor aún, ¿cuánta gente creéis que os lo diría?

Es un ejercicio mental que me encanta hacer a menudo, porque me sorprendo pensando en más gente de la que inicialmente puede parecer. Sé con certeza que hay personas en mi vida que jamás me fallarían, pero de repente, a veces, surge esta o aquella persona que sabes a ciencia cierta que también estaría ahí siempre, aunque no hayas caído en ese momento en ella.

Esta es una pequeña reflexión para que el día de hoy, que me encanta por mágico, penséis en todas las personas especiales que tenéis cerca o lejos. No hace falta que las llaméis en cadena para decirles cursiladas, simplemente con saber que están ahí, ya os sentiréis reconfortados.




¡¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!!!!

viernes, 28 de noviembre de 2014

Las manos de mi hija

Esta vez no quiero que leáis, simplemente que veáis, que observéis unas manos, manos de un bebé. No me canso de mirarlas, estaría horas observándolas... Parece que no, pero en cuatro meses y medio de vida han cambiado muchísimo, no su apariencia, sí su actitud.

Al principio eran dos puñitos cerrados que a duras penas se abrían, de lo fuertes que los tenía apretados. Y ahora sus manitas se abren, juguetean con cualquier cosa; aún no coge bien los objetos, pero no para de moverlas y yo siempre imagino que está deseando poder experimentar.
Cuánto le queda por descubrir..., mientras tanto, yo seguiré mirándolas...





















miércoles, 19 de noviembre de 2014

¡¡Que alguien venga a mi fiesta!!

Tengo clarísimo que si montara un partido político, no me seguiría ni perry; si alguien quiere tumbar a Podemos, que me llame como abanderada del grupo, que seguro que pierde votos al instante.

Por increíble que parezca, con lo majísima y simpática que soy, tengo un poder de convocatoria cero. Esto es como el que nace guapo, feo, con dotes musicales o bueno para la cocina, yo soy negada total para convocar gente; vamos que hablando en plata, no me hace casi ni Dios y si quiero que alguien venga a mis cenas, comidas o convocatorias varias, tengo que pedirle a mi marido o a alguna amiga que cite a la gente por mí, ¡¡¡no es broma!!!

Fiestón de Sux&Pi Corporation. No convoqué sólo yo, of course.
Hasta mi hijo ha sufrido las consecuencias de la falta de carisma de su madre: se me ocurrió convocar para su cumpleaños a un nutrido grupo de mamás con niños y sólo se presentó mi hermana y mi cuñada con los suyos, yo creo que por cumplir. Mi hijo se divirtió, pero no dejaba de preguntarme por qué no habían venido fulanito y menganito y yo hasta supliqué "¡¡por favor, venid al cumple, que no soy yo la homenajeada, lo juroooooo!!", pero ni con esas.

¿Qué me pasa?, ¿oleré mal?, ¿pondré la comida en mal estado?, ¿seré la típica que no para de hablar, la plasta de libro?, ¿acaso me acerco mucho a la gente cuando hablo, tanto que se puede oler mi aliento? Nadie me ha dicho nada al respecto, pero está claro que algo tiene que haber.

Una cosa sí es cierta, soy pésima anfitriona. Cuando no pongo una tarta con forma de escombros (léase AQUÍ), me olvido de comprar el hielo o se me quema la pizza en el horno. De todos modos eso da igual, porque en realidad no he tenido muchas ocasiones de demostrar mis pocas dotes de anfitriona, ya que mis invitados rara vez cruzan el umbral de casa, soy un desastre y me dicen "no" sin más.
Mis globos y yo, los únicos de la fiesta.

Aunque eso también es un logro, por patético que parezca. A veces espero al menos una contestación negativa, ¡¡pero una contestación al fin y al cabo!! Mi último amago de quedar con amigos pasó sin pena ni gloria en nuestro grupo de wasap y nadie dijo esta boca es mía. ¡¡Por favor, que alguien me diga algo, aunque sea para mandarme a freír espárragos!! Pero noooooooooooo, nadie dijo nada, eso sí, otra de las amigas del grupo subió una foto suya cual Heidi en el campo y todo el mundo contestó al instante. ¿¿¿¿¿Cómooooooooooo????? ¿¿Hola??, ¿¿hola?? ¡¡Yo escribí primero!! ¡¡EXISTOOOOOOOO!!

Me entró una nube negra 'que-pa-qué', aun sabiendo que ninguno lo había hecho a propósito, que simplemente se les había pasado, porque yo soy así, provoco que la gente pase de mí. Uffffffff, a veces está bien que te ignoren, pero en general es bastante humillante y piensas "bueno, bueno, tengo un marido y unos hijos que me quieren", y entonces te hundes totalmente en la miseria cuando sabes que faltan cinco, tal vez diez años para que tus hijos pasen y hasta se avergüencen de ti y que, a veces, tu marido te habla, te sonríe y cuando te das la vuelta..., ¡pero que ya se ha ido otra vez como una culebrilla para que no pueda detenerle! Al menos podía haber dicho que va a por tabaco, a comprar un sello o a echar una carta al buzón. No, no, él desaparece antes de que pueda ni siquiera pillarle, como el Correcaminos.
En esta logré que al menos viniera mi novio. La foto nos la hizo el telepizzero.

Patético. Además también podría hacer colección de las excusas que me dan para no venir a mis quedadas: 

"No he visto tu mensaje, me quedé sin batería" (Este es el number one de las excusas; sabes que es mentira y puedes demostrarlo pero a la vez te sientes derrotada porque significa una total desidia hacia tu plan)

"Se nos ha hecho tarde" (¡No importa, ven aunque sean las 2 de la mañana!)

"Tengo el pelo sucio", "me tengo que duchar" (Ay madre, ¿es que sólo te aseas cuando te llamo?)

"Preferimos quedarnos en casa" (¿Pero tú has visto mi sofá rojo y negro?, seguro que en tu casa no hay nada parecido)

"Te juro que iba en el coche hasta tu casa pero no he podido evitarlo y el volante me ha llevado a casa de mi novio, ya me entiendes" (¡¡Egoísta!!, ¿quién prefiere sexo antes que quedar conmigo?)

"Tenemos reunión de vecinos" (Cuando te cambian por una de esas reuniones es que algo serio te pasa).

...Y las tres más humillantes de todas: 

"Es que vamos a casa de Fulanita a otra fiesta" 

"No me apetece nada"

"Ayyyyy, ¡¡se me ha olvidado!!"
 (Estas te dejan hundida al menos un par de días y para reponerte de la depresión inicial necesitas comerte un bocata gigante de Nocilla, de lo contrario no hay quien levante el ánimo).

Así que mientras sigo buscando una respuesta que nadie me da, continuaré pidiendo a mis amigas de máxima confianza que convoquen por mí. La próxima fiesta va a ser el sábado que viene en mi casa, ¿quién se apunta? ¡Ala, ala, todos a la vez noooo!



viernes, 7 de noviembre de 2014

La escapada

Acaba de dejar de llover, las calles están mojadas, frías, se siente la humedad, sale humillo de la boca cuando hablas, cuando respiras... Y bueno, a Julia le sale también porque va fumando, y va sola, andando por ahí, deambulando..., porque lleva todo el día estudiando las malditas oposiciones y haciendo meditación. Hoy va de negro, como siempre, y sólo tiene la intención de dar un paseo solitario.

De repente, en una callejuela estrecha ve la figura de un tío que se agacha a recoger algo del suelo. Mira, observa..., y se da cuenta de que es Miguel, que está cogiendo el billete de 20 euros que se le ha caído del bolsillo en una demostración más de su despiste.

Julia anda hacia Miguel. Miguel no escucha, pero sí siente el retumbar de una botas negras y poderosas. Miguel se da la vuelta y ve la estilizada silueta de Julia enfundada en su chupa negra de cuero. Se saludan, se dan dos besos, se preguntan qué tal, sonríen..., y Julia no puede evitar echarse atrás despavorida, asustada, cuando escucha que a Miguel, en algún lugar recóndito de su mochila, le suena un móvil. Miguel se pone rojo como un tomate y se justifica, dice que olvidó apagarlo la semana pasada y, bueno, se ve que ha estado encendido todo este tiempo. Sigue hablando, sigue justificándose, y el móvil sigue sonando. "¿No lo coges?", susurra Julia levantando la ceja y echando un fino hilo de humo por su boca...

Se pone nervioso, no contesta. Julia sigue mirando, fumando y ahora, sonriendo divertida. El teléfono ya no suena, "no sería importante", logra decir él.

- ¿Te apetece tomar una copa? -Julia siempre ha sido decidida y, además, sabe que a Miguel le gusta el vodka con limón.
- El Silvery aún no ha cerrado.

Sin decir nada ambos andan hacia el garito. Van en silencio. Julia enciende otro cigarrillo y se pone a recordar la última vez que había recorrido el mismo camino con Miguel; no hacía demasiado, tal vez ocho, nueve meses. Era muy mala para las fechas y siempre había pensado que es mejor ni recordar el pasado ni empeñarse en rememorar nada, lo consideraba una falta total de tiempo y, a pesar de que había tenido una especie de relación con Miguel, prefería ni saber cuándo fue la última vez que se vieron para romper.

Entraron al Silvery; estaba muy oscuro y al fondo de la sala Rodolfo, como siempre, tocaba el saxofón. Julia tuvo la sensación de que no había pasado el tiempo, el local estaba exactamente igual que la última vez que entró, hace ya muchos meses, y hasta le pareció que Rodolfo tocaba la misma pieza, siempre la misma, y las mismas personas silenciosas escuchando. Sintió un pequeño escalofrío, empezaba a arrepentirse de haber entrado.

Miguel pidió un vodka con limón y Julia un Manhattan.

- ¿Por qué me dejaste? -preguntó él. Era lo primero que se decían desde hacía un buen rato.
- No sé -contestó Julia-, supongo que me quería centrar en mis oposiciones y todo eso, ya sabes, fuera entretenimiento, nada de distracciones.
- ¿Tú funcionaria?, no suelto una carcajada porque sabes que no soy muy de reírme.
- Pues sí, yo funcionaria, ¿qué pasa?
- Nada, que te vas a aburrir.
- Bueno, no más que ahora en la floristería, y además podré ir vestida como quiera, no de colores ridículos.
- ¿Te apetece que vayamos a mi casa?, ahora vivo solo, Raúl se marchó el mes pasado.
- ¿Cansado de ti, tal vez, de tus manías persecutorias?
- Mmmmm, puessss, no sé, no le pregunté, se marchó y punto. Puedo permitirme pagar solo el alquiler.
- ¿Has robado un banco?
- He cambiado de trabajo, ahora estoy en la ventanilla de uno.
- Jajajajajaajajaja -la carcajada de Julia resultó de lo más hiriente-, ¿y te sorprende que yo quiera ser funcionaria?, verte a ti trajeado en un banco me suena como a ver a un perroflauta en misa. ¿Y cómo haces cuando suena el teléfono de la oficina?, porque tendréis teléfono, ¿no?, ¿te tapas los oídos y dices habla chucho que no te escucho o se te hinchan hasta las orejas?
- Oye ya basta, es un trabajo que me da dinero y punto.
- Vale, vale, perdona, es que no me esperaba esta noticia.
- Sí bueno, supongo que ninguno de los dos está yendo por el camino que más le hubiera gustado.
- No, desde luego que no.
- Bueno, ¿entonces vienes a casa?
- No lo sé, ¿para qué?
- Pues ya veremos, podríamos pasar un buen rato, por los viejos tiempos.
- Si es por los viejos tiempos creo que no, dime otro motivo y lo pensaré.
- Pues digamos que puede ser una pequeña celebración por habernos encontrado.
- ¿Crees que habría que celebrarlo? -preguntó Julia.
- Si acabamos en la cama sí, ya lo creo.
- Muy gracioso.

Hubo un silencio incómodo entre ambos. Se llevaron sus vasos a la boca y al final ella dijo:

- De acuerdo, vamos, pero prométeme que no tendré que descalzarme al entrar ni apagar mi móvil.
- ¿Por qué?, ¿esperas alguna llamada a las 3 de la mañana?
- Puesssss, no, pero por si acaso.
- De acuerdo.

Salieron a la calle. De nuevo iban en silencio, aunque esta vez sus pasos eran más rápidos, parecían ansiosos por llegar pero contenidos por que no se les notara la impaciencia.

Y volvió a sonar el teléfono en el fondo de la mochila de Miguel. No hizo caso, como antes, pero esta vez la llamada parecía insistente, porque sonaba una y otra vez, y de nuevo una y otra vez. Julia se paró en seco.

- Oye ya está bien, ¿no ves que alguien te está llamando, que alguien quiere localizarte? Puedes llegar a ser muy ridículo, cógelo y punto; tal vez es algún familiar, tu madre, tu hermana..., ¿va a ser muy horrible para ti ser como el resto del universo que coge un teléfono cuando suena?

Miguel no dijo nada, cogió su mochila y empezó a rebuscar hasta dar con el teléfono. Pero cuando lo tenía en la mano ya había dejado de sonar. Miró la pantalla.

- Tengo 16 llamadas perdidas. Ha debido de sonar mientras estábamos en el Silvery.
- ¿Quién es?
- No lo sé, no tengo ningún número grabado en la agenda.
- ¿No tienes los teléfonos de tus padres, de tu hermana, de algún amigo o incluso del mío?
- No.
- Dios, estás loco de atar.
- Habló la señorita voy todo de negro pero mis bragas siempre tienen que ser moradas.
- Eso no es nada raro.
- Es una extravagancia.
- Ay cállate, me aburres.

El teléfono volvió a sonar y a Miguel se le calló de las manos del susto.

- Maldita sea, trae, ya lo cojo yo -dijo Julia agachándose al suelo-. ¿Sí dígame? No, soy una amiga, él ahora mismo no puede ponerse, sí, sí..., ¿¿¿¿cómo????

Julia parecía asustada pero, ni aun con esas, Miguel se inmutó lo más mínimo. Cuando ella colgó le miró y dijo:

- Creo que el polvo vamos a tener que dejarlo para otro día, tu piso se ha incendiado.
- ¿Y el perro?
- ¿Qué perro?, ¿tienes un perro?
- Sí, desde hace 15 días.
- Vaya, vaya, va a resultar que tienes un corazoncito ahí dentro.
- Me lo encontré en la calle.
- Bueno, pues no me han dicho nada de ningún perro, pero lo mejor será que vayas, porque al parecer está todo más que chamuscado, ¿quieres que te acompañe?
- No voy a ir.
- ¿Cómo?, ¿por qué?
- Porque no quiero ver mi colección de discos, ni mis libros, ni mis cómics quemados.
- No, si no los vas a ver, al parecer está todo echado a perder.
- Pues por eso.
- ¿Y entonces qué piensas hacer?
- ¿Puedo irme contigo?
- Ni hablar, sabes que vivo con mis padres. Si me presento en casa a las 3 de la mañana contigo mi madre se lleva el sofocón del siglo y a mi padre le da el tercer infarto, y no queremos eso, ¿verdad?

Julia se compadeció de Miguel. Estaba ahí parado, con los hombros caídos, serio y ojeroso. Su aspecto era patético, lamentable. Era un ser insociable, más aún que ella, y ahora se entera de que las cosas materiales que atesoraba en su casa desde hace más de 15 años se habían echado a perder, por no hablar del perro, del que prefería no saber.

- Vente conmigo -dijo Miguel con la cara iluminada de repente.
- ¿A dónde?, déjame, paso de tus pajas mentales.
- A otro lugar, a otra ciudad, a empezar de cero. Yo he perdido todo, porque lo que había en mi piso es todo lo que tengo, pero afortunadamente mi dinero está en el banco, por muy raro que te parezca en un ser extraño como yo. Mi familia está lejos, nada me ata a esta ciudad.  Está decidido, me largo; me voy a la estación y cojo el primer tren que salga.
- Yo aquí sí tengo gente -dijo Julia, que por un momento se había dejado llevar por la emoción de empezar otra vez o, más bien, de terminar con esa vida tediosa que llevaba.
- Vámonos a Madrid.
- Madridddddd... -Julia cerró los ojos y dio una chupada a su cigarrillo. Le encantaba Madrid, y soñar con irse allí le pareció el colmo de la dicha.
- Te prometo que aparcaré mis manías, al menos por un tiempo.
- Vaya, menudo consuelo -dijo Julia impacientándose-, bueno, ¿qué hacemos?
- Ya dudas, lo que significa que te vienes.
- Tendría que recoger algunas cosas de casa. ¡Ay, qué estoy diciendo!
- No hay nada que recoger, fuera ropa negra, fuera bragas moradas, fuera todo.
- Sí claro, para ti es fácil, lo tienes todo chamuscado.

Miguel la miró y le dijo con toda la solemnidad de la que fue capaz:

- Mira Julia, me encantaría que vinieras conmigo; creo que te quiero, a mi manera, pero te quiero. No puedo prometerte nada, ni amor eterno ni nada de eso, pero sí empezar de nuevo. Si esto funciona, entonces estupendo, si no, todos tan amigos, pero estaremos al menos en otro lugar, dejando atrás este hastío. Yo estoy harto de todo y, en cierto modo, me alegro horrores del incendio. Me voy, haz lo que quieras, pero yo me largo.

Julia se quedó impresionada por esta declaración de pseudoamor; era mucho viniendo de Miguel. Ella no sabía si le quería, pero de lo que estaba segura era de que también quería largarse.

- De acuerdo, me voy contigo. Yo también tengo mis ahorros en el banco, pocos, pero los tengo. Supongo que suficientes para empezar algo; y ya veremos cómo continuar. Yo tampoco te puedo prometer nada, pero te reconozco que me alucina largarme contigo, ni en millones de años hubiera imaginado esto. ¡¡Si yo sólo he salido a dar una vuelta después de un día encerrada estudiando!!
- Venga, ¡¡cállate ya y vámonos!!

Corrieron por las calles mojadas riendo nerviosos.

- ¡¡Espera!! -dijo ella-, no llevo el cargador del móvil.
- En Madrid habrá miles -dijo Miguel tirando de ella.

martes, 28 de octubre de 2014

Cambio espada por Paquito el Chocolatero

El otro día estuve en una boda, de invitada, y es curioso cómo cada vez que voy a una me pongo a pensar en la de cosas que se hacen que, al menos a mí, me parecen bastante ridículas.

Que conste que yo estoy casada y mi boda fue normal y corriente, quiero decir con todos los aderezos de una boda al uso, véase la iglesia, el arroz, el vivan los novios, las fotos, el baile, el que se besen y un larguísimo etcétera. Fue un día muy feliz y todo eso, pero por lo que me negué a pasar fue por el trago de cortar la tarta con mi ya marido con una espada más larga que "Cuéntame".

Lo siento, lo siento y lo siento, pero me parece la mayor horterada del mundo mundial, y que no se sientan ofendidos los defensores de la espada; lo mío es una simple opinión..., que opino que ¡¡pero qué horror!! ¿Quién se ha inventado eso?, ¿algún fabricante de espadas toledanas?, ¿alguna mente perversa que quería dar la oportunidad a alguna novia arrepentida de haberse casado?, tienes la espada, tienes el arma ¡¡ahora o nunca!!

¿Y lo de dar a probar la tarta con la puntita de la espada? Ay madre, eso es entre sádico y obsceno, a la par que ridículo. ¡¡Dios mío, dame una respuesta!!, ¿por qué lo hace la gente? Para mí, aquí os lo digo, es un misterio sin resolver. ¡Que ya la probaremos los demás, hombre, no hace falta que te arriesgues a perder la lengua!

(Por cierto, otro misterio sin resolver que daría para otro post: ¿a dónde va a parar la tarta que con tanta pasión cortan los novios?, porque que yo sepa luego en el plato te suelen poner helado de mango con abanico de galleta cubierto de bolas de mazapán con tarta de Santiago, virutas de chocolate y lluvia de verano de menta. ¿Será una tarta de mentira, de cartón?, ¿entonces qué prueban con la espada, un trozo de papel?, ufff, no me extrañan luego esos traspiés en el vals).

¡¡Cuidado conmigo!!
Eso sí, a mí no me salió gratis la cosa: mi marido, gran amante de las tradiciones y con un sentido del ridículo a años luz del mío, se empeñó en que también quería que en el baile se tocara "Paquito el Chocolatero", cosa que también me parece más feo que pegar a un padre.

La negociación fue un infierno, porque yo quería suprimir ambas cosas, a la espada y a Paquito, pero mi marido fue duro de roer y me llegó hasta a amenazar con dejar que sus amigos hicieran lo que él estaba intentando impedir: soltar un cerdo rabioso en pleno banquete.

¿¿¿¿¿Cómoooooo????, ¿¿¿¿¿dónde iba a quedar la boda elegante, con clase y con glamour que yo pretendía montar???? Me temblaba el cuerpo sólo de imaginar a un cerdo revolcándose en mi tarta o comiéndose ansioso los moños de las señoras. Vale, vale, acepto a Paquito, pero no quiero espada.

Mi marido volvió a intentar sacar algo: "vale, espada sí pero no me la das a probar con la punta", ¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!! No hay espada en ninguna de sus versiones.

Es que no sólo me parece una horterada, sino que además siempre me he imaginado blandiendo la espada, saltando encima de la mesa nupcial cual Uma Thurman en Kill Bill haciendo una auténtica sangría con los invitados más roñosos "¡¡¡¡vaya jarrón feo me has regalado, capullo!!!, ¡¡¡toma tu merecido!!!" o "mona, no mereces vivir, mi antena parabólica es más discreta que tu tocado" o "señora, como me vuelva a repetir ¡anda con Susana, con lo pabita y rancia que ha sido siempre!, le aseguro que usted y su faja no vuelven a ver la luz del día".

Así que, para evitar tragedias, ni espada ni nada; el único riesgo que se corrió en mi boda fue el de algún traumatismo craneoencefálico por culpa de la dichosa cancioncilla. Creo recordar que no hubo ninguno, aunque ahora que lo pienso, no recuerdo nada desde que despedí a mi prima la de Cuenca hasta la mañana siguiente montada en el avión. Porque sí, lo admito, yo también bailé Paquito el Chocolatero.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Cómo (no) recuperar la figura después del embarazo

Estoy harta de leer recomendaciones acerca de cómo recuperarte después de los nueve meses de engorde indiscriminado. Al final todas dicen lo mismo: comer poco y hacer ejercicio; que si mucha pechuguita de pollo a la plancha, que si nada de chocolate, pero todas empiezan con cosas tipo "¡Vamos, anímate, no se pasa nada de hambre y es muy fácil!, ¡yo me he recuperado en sólo dos meses e incluso estoy más delgada que antes!".

Yujuuu, pienso yo, y leo ávida de encontrar la fórmula mágica, pensando que, esta vez, sí me darán una alternativa compatible con mi estado actual: mucha hambre y escasísima fuerza de voluntad. Porque no sé si será que doy el pecho o que, simplemente, yo siempre he sido de buen comer, pero yo, ahora, me comería a Dios por los pies, pero me lo comería envuelto en chocolate y relleno de chocolate, porque mi cuerpo me pide dulce, ¡y del bueno!

Así que yo tengo mis propios consejos, reflexiones, recomendaciones, para aquellas que los quieran seguir. Son tan valiosos que sirven hasta para las que no han estado embarazadas. ¡¡Seguidlos y veréis cómo la báscula no os da más disgustos!!

1. Que no te afecten, días y días después de haber dado a luz, los comentarios tipo "¿cuándo te toca?"
Son un poco frustrantes, pero por otro lado comprensibles. El tamaño de mi barriga durante muchos días después del parto era considerable, tanto que hasta mi hijo me preguntaba que si tenía otra hermanita allí dentro. Pero lo peor es la cara de póker que se le queda a la gente cuando les dices que "no, no, si ya he dado a luz, lo que pasa es que ha sido hace muy poquito, y ya sabes...".
Entre la gente que te pregunta hay dos grupos: los que te conocen un poco y te han visto embarazada, entonces si te ven por la calle con tu hijo mayor únicamente y sin el carrito del bebé, te dicen que cuánto te falta, "muy poco para cagarme en tus muertos", piensas tú; y luego están los que no te conocen nada de nada. En este último caso tengo una situación de lo más humillante y totalmente real sucedida hace escasamente un mes: estoy en una tienda, con mi hijo y además el bebé en el carrito, y el dependiente me dice "vaya, vaya, el grande es tuyo, el del carrito también y ¿además viene otro en camino?"

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿Cómoooooooooooooooo???????????????!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Me dieron ganas de hacer esto


...pero en lugar de eso respondí educadamente, que estaba mi hijo delante. El dependiente se llevó tal corte que en lugar de regalarle al niño una piruleta, me la dio a mí.

2. La faja, tu nueva aliada
Aparte de muy necesaria porque, al principio, si vas sin ella te duele la tripa, los riñones y la espalda, al menos a mí, que he tenido una barriga del tamaño de tres sandías, realmente disimula y evita que se note que llevas ahí una tripa blandengue como un megaflotador desinflado.

Mi adorada faja, ¡cuánto te quiero!

Mi matrona me dijo que no abuse de ella, sin embargo dos señoras mayores de estas que te dan su opinión por la calle sin pedírsela, me dijeron que me la ponga a todas horas, y yo les hago caso, que las abuelas saben mucho. Ahora mi faja y yo somos inseparables, hasta hablo con ella, que es la única que me entiende.

3. Comer 5 uvas no cuenta como las 5 piezas de fruta que se supone que hay que tomar cada día
Lo de la fruta también es una batalla que intento librar cada día. Hay temporadas que como mucha, pero porque me obligo a mí misma, si no, el cuerpo jamás me pide comer ni una mísera cereza. Tal vez, en verano, con el calor, el melón o la sandía... Pero es que yo me parto cuando la gente dice "cómete una manzana para matar el hambre", ¿¿¿matarlo???, yo con una manzana no mato el hambre, lo resucito, lo revivo y lo convierto en un monstruo.

4. No vale comerse un kiwi después de un bocadillo de Nocilla para sentirse mejor
Lo del chocolate y sucedáneos es mi perdición, por eso muchas veces, para autoconvencerme de que como fruta y de que ¡qué sana me siento!, me tomo  un kiwi después de haber digerido un bocata de Nocilla, así, por todo el morro, como si fuera mi último día en la Tierra.

5. La panceta no es pescado
¡¡Esta no es la merienda ideal para recuperarte!!
El pescado está muy rico, alguno, a veces, en ocasiones, pero en mi casa, para tomarlo tenemos que instaurar "el día del pescado" o "la noche del pescado", porque si no no hay manera de que entre en mi casa cualquier pececillo. Y es muy duro tener frente a ti un filete de merluza hervida, que dan ganas de llorar pensando que lo único que puedes mojar con el pan es el agua de hervirla..., cuando llega tu marido y te dice "quedan dos tiras de panceta en el frigo, ¿las hacemos?", y pasa en este caso como con el kiwi, que te comes la merluza, pero para quitarte ese saborcillo que deja en la boca, te zampas esa panceta chorreante con el pan y, entonces, sólo entonces, eres la persona más feliz del mundo.

6. Darte un homenaje cada noche con un vaso de Cola-cao y una magdalena antes de ir a dormir no es muy aconsejable
Vale, lo reconozco, eso lo hago yo casi todas las noches, porque las magdalenas me chiflan y porque, teniendo en cuenta que ceno como dos horas antes de irme a la cama, como no coma nada antes de acostarme tengo tal agujero en el estómago que esa noche, seguro, sueño que trabajo en una pastelería y no puedo tocar nada.

En mi defensa diré que con mi primer hijo no sólo tomaba la leche con magdalena antes de irme a la cama, sino que además la tomaba después de dar el pecho al niño de madrugada.

En mi cocina queda una magdalena y he jurado y perjurado que cuando me la coma no voy a comprar más en una temporada.

7. No hace falta comerse media barra de pan de una atacada mojando el aceitito del pollo frito
 Después del chocolate, para mí, mojar el pan en salsas, aceite de pollo frito o ensaladas es lo más parecido a tocar el cielo, ¡¡pero qué rico!! Y claro, esto choca de bruces con todas las recomendaciones de comer no sé cuántos gramos de pan al día. Creo que en una ocasión hice la prueba y esos gramos corresponden a ¡dos rebanadas minúsculas!, ¿pero esto qué es?, una miseria. 

Yo, como buena nieta y sobrina de panaderos digo que el pan es nuestro amigo, y si es acompañado, más todavía.

8. Después de comer puedes tomar un cuadradito de chocolate, ¡pero sólo uno!
Es muy difícil ponerse ese límite, ¡es casi imposible! Yo me tomo el cuadradito de rigor, para endulzarme después de la comida, pero es que al final, mientras recojo la cocina o simplemente mientras mantengo con mi marido la típica conversación de sobremesa, hago tantas visitas al frigorífico a por "sólo otro cuadradito", que al final acabo sacando la tableta entera.

¿¿¿Pero qué voy a hacer??? Si para mí las comidas tienen sentido sólo porque sabes, piensas, te relames esperando el momento en el que en tu boca se derrite el chocolate, ¡¡¡mmmmmmmmmmmm!!!!

9. Estar sentada en el parque parloteando con las amigas-mamis mientras vigilas al niño por el rabillo del ojo no es hacer ejercicio
Se supone que hay que andar una hora al día, o correr o hacer algún tipo de ejercicio por el estilo. Eso ya lo hace mi hijo por mí cuando bajamos al parque. Él corre, salta, juega a la pelota, desafía las leyes de la gravedad, se despeña desde el tobogán (sus dientes siguen intactos, por raro que parezca), mientras yo me siento, con mis coleguis, a cotorrear como buenas marujas, y eso no es lo peor, otras veces nos vamos directamente a tomar unas cañitas a algún bar cercano con terracita o columpios donde los niños puedan seguir haciendo ejercicio por nosotras.

Al menos tengo la decencia de pedirme Coca-cola Zero, eso sí, sin renunciar a la tapita.

10. No vale hacerle a tu hijo el bocata de chorizo más grande para que le sobre
Cuando te comes lo que le ha sobrado no sé por qué, pero no te sientes mal, y mucho menos si le sueltas lo típico de "la comida no se deja en el plato, anda trae, ya me lo comeré yo, que tirar el pan es pecado, y si lleva chorizo, más todavía".

11. Enfréntate con dignidad a tu antigua ropa

Este es un reto al que aún no me he enfrentado. Mis innumerables vaqueros anteriores a mi embarazo me esperan en el cajón; todavía no me he probado ni uno porque tiemblo al pensar en ese momento. Cuando abro el cajón para hacerlo noto cómo me miran con ese ojo que tienen por botón y me dicen "pruébame..., pruébame..., a lo mejor así te olvidas de la magdalenas, de la panceta, del pan mojado en aceite...".

No sé si me abrocharán, si no lo harán, si tal vez pueda ponérmelos pero antes debería hacer ejercicio a ver cuánto tiempo soy capaz de estar sin respirar...

Pienso muchas veces con cierta sensación de derrota que si me olvidara de muchas cosas que como, si hiciera otras muchas cosas, como tener más acelgas en mi frigorífico y menos chorizo pamplonica, conseguiría quitarme esos kilitos (o kilazos) que todas las mujeres creemos que nos sobran, pero luego pienso "pero qué estoy diciendo, ¿y lo feliz que soy con mis pequeños y grandes placeres culinarios y con esos cuadraditos de chocolate de después de comer?"

martes, 2 de septiembre de 2014

Situaciones (VIII): ¿Y tú cuándo?

La gente, no toda, pero sí mucha, tiene la capacidad de decirte cosas en ciertos momentos de tu vida que, aparte de ser universales y escuchadas por muchos, tocan bastante la moral cuando te las dicen. Y tú piensas, "¿me meto yo en tu vida?". Pero en fin, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra; yo intento no hacer comentarios de ese tipo, pero es posible que alguna vez se me hayan escapado. 

Seguramente no sabéis a qué me estoy refiriendo. Los catalogo cronológicamente y seguro que ahora me comprenderéis:

Ya te llegará (¿Y a ti?, ¿no te llega tu hora?)

Yo siempre he sido, dentro de mi grupo de amigas, la eterna "sin novio", y cuando digo sin novio digo sin rollo y sin nada. La eterna soltera que casi nunca pilla cacho, por muy patético que suene siempre ha sido para mí un misterio sin resolver, ¡¡¡pero si siempre he estado buenísima!!!

El caso es que recuerdo perfectamente en un supermercado, lo típico, te encuentras con una amiga de hace tiempo pero con la que has perdido el contacto. Te ves, te saludas, hola qué tal, cómo te va, blablabla. Y te pregunta a bocajarro "¿Bueno qué?, ¿estás con alguien?", "sí, contigo ahora mismo", "no mujer, que si tienes novio", "no", contesto yo, "bueno..., no te preocupes, ya te llegará".
¿Pero quééééé?, ¿quien te ha dicho a ti que yo esté preocupada?, ¿me has visto en el pasillo de los yogures mordiéndome las uñas frenética porque no tengo novio?, ¿me has sorprendido espiando al reponedor a ver si me lo ligo?
En ese momento siempre me imagino con unas enormes gafotas de sol; me las pongo, la interfecta que tengo enfrente se ve reflejada totalmente distorsionada. Ya no es tan mona, ahora es un moscorrofio auténtico. Se cae de bruces para atrás del susto y yo suelto tal carcajada en su cara que hasta se le mueve el pelo con el viento de mi aliento (ups, me ha salido un pareado; es que estos temas siempre me ponen muy cursi).
Mis gafotas "tumbapreguntonas".
En fin, a esas edades, veintitantos, o veintipocos, las que tenían novio o se habían echado uno recientemente, parecía que se creían en otra dimensión, como si las demás fuéramos unas pringadillas, que valemos un poco menos por no dar cuenta de lo que hacemos a un tío que, a lo mejor, tal vez, quién sabe, ha resultado ser un cretino.
Pero lo peor de este comentario es que va acompañado por una cara de compasión hacia ti... Ufffff, dan ganas de abofetear a la tipa y decirle "estoy sola divinamente, seguramente mejor que tú".

¿Y vosotros cuándo?

Después viene cuando tienes novio, estás con alguien un cierto tiempo. Relación más o menos consolidada. Y tienes la malísima suerte de ir a una boda, y si es de algún familiar, peor. Los comentarios de "¿y vosotros cuándo?", florecen como las amapolas en una era. Y lo malo de todo esto es que no sabes qué decir, sonríes con una cara de idiota impresionante y lo que se te ocurre no puedes soltarlo, claro: "cuando tenga la seguridad de que tú no vienes a mi boda, petarda".
¿No os animáis?

Resulta que te has casado. Pues casi al instante ya está la gente preguntando por la maldita descendencia. Que si para cuándo, que si no lo dejes mucho, que si se te va a pasar el arroz.
Y la tortura mayor llega cuando vas al hospital o a visitar a su casa a alguna amiga o familiar que ha tenido a su retoño.
Estás tú ahí, mirando al recién nacido y pensando que pobre, qué feíto es (no es por nada, es que todos los recién nacidos me parecen feítos, hasta que se "atiesan"). Cuando la recién parida te suelta, "¿y vosotros, no os animáis?". A lo que contesto en mis pensamientos "pues no sé, ¿a ti qué te importa?", y me relamo sólo de imaginar que le he dicho eso.
Pero en su lugar sólo dices con una sonrisa de idiota integral "Buuuueeenooo, ya veremos, no sé....".

Una propuesta para las que sufran en la actualidad este acoso y derribo: "Pues es que el verano pasado me picó una garrapata y resulta que tras muchas pruebas los médicos me han dicho que, si tengo hijos, me saldrán con rabo de gato y hocico de gorrino; ¿cómo no nos habíais contado que a vosotros os ha ocurrido lo mismo?".
Hocico de gorrino, qué monada.

¿Y para cuándo el hermanito?

Ya has tenido un hijo y resulta que es que tienes que tener otro, porque todos te lo dicen. La presión es casi mayor que antes de tener el primero. Pasan los meses y parece que nadie piensa en otra cosa, que para cuándo la hermanita, que si un hijo solo no puede ser, que si tiene que tener un hermano, que si no tardéis mucho.

Dejadnos en paaaaaaaaaaaaaaaaaaazzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz. ¿La gente lo hará por pura diversión o es que de verdad se acuesta por las noches pensando en si voy a tener otro hijo y qué tragedia sería si no lo tuviera?

Ya no tengáis más

He cumplido con los mandatos sociales y he tenido otro hijo, esta vez hija. Resulta que aquí la cosa cambia una barbaridad, porque antes la gente te decía lo que tenías que hacer, ahora te dice lo que no tienes que hacer.
Como tengo un hijo y una hija, el 99,9% de la gente me dice "anda qué bien, la parejita". Ese comentario es el típico, supongo que se hace por decir algo, salir del paso...
Pero los hay que como ya tienes dos y de distinto sexo te dicen, así a bocajarro, "ya no tengas más" o "ya os plantáis, ¿no?". ¿Pero y este cambio?, ufff, ¿y si quiero que me den la medalla a la madre del siglo y quiero tener cinco?
Sin embargo, si tienes dos hijos varones o dos hijas, la petición de la gente es que vayas a por el tercero, a ver si hay suerte y te sale del otro sexo, "y así ya tienes de todo".

¿¿¿¿De todo???, ya tenía de todo antes de tener novio, ¡¡¡¡y mirad lo que tengo ahora por haceros caso!!!!

Esto es para ser muy sarcástica y, tal y como dicen por ahí, a la señora que te ha estado friendo con estos comentarios una y otra vez, encontrártela en un entierro y preguntarle, "oiga señora, ¿y usted para cuándo?".

miércoles, 27 de agosto de 2014

"Cari, ¿qué te pasa?"

Ayer tuve un sueño. ¿Y qué tiene eso de especial?, pensaréis, porque soñamos todos los días. Pero es que este sueño está clarísimo en mi cabeza, cuando lo normal es que sólo recordemos pequeñas escenas y ni mucho menos el sueño entero.

De repente, en mi sueño, sin comerlo ni beberlo estaba en un prado lleno de flores, en su mayoría amapolas. A pesar de no tener un espejo delante sabía que llevaba un vestido con volantes, encajes y mangas abullonadas, aparte de un enorme lazo en el pecho, y todo muy rosa. Me sentía ridícula, pero lo que fue más ridículo aún es que mi marido, Marcos, llegó montado en un burro, que también llevaba un lazo entre ambas orejas (el burro, no Marcos), y me dijo (Marcos, no el burro):

- Hola cari preciosa, ¿damos un paseíto por la playita?, la tarde está fresquita.
- Vale churri -dije. Y acto seguido me tapé la boca y di un salto hacia atrás asustada.

¿Churri?, ¿yo había dicho churri? ¡¡¡¿¿¿Qué clase de sueño era este???!!! Logré recuperar la cordura y le dije a mi marido:

- ¿De qué me hablas?
- Ya sabes chochi, nuestro habitual paseíto.
- No gracias -dije lo más borde que pude.
- ¿Por qué, cari?
- Porque tengo un nombre, llámame por mi nombre.
- ¿Qué te pasa gordi?
- ¡¡Ayyyy!!, ¡¡¡cállate!!!
- No te reconozco, mi florecilla.

¿Pero esto era una broma?, detesto las cursiladas, y estas más.

- Oye mira, si pretendes enfadarme, vas por buen camino.
Marcos me miró sorprendido y se bajó del burro.

- ¿Es que ya no me quieres, mi cielo?
- Puessssssss, no sé qué decirte, creo que te prefería antes, cuando te tirabas algún pedo que otro.
- ¡¡Ayyy, qué asquito!!, yo jamás he hecho semejante cosa, mi amor.
- ¿Quieres dejar de llamarme así?
- ¿Así cómo?
- Pues así, cari, churri, gordi, florecilla... No estoy segura, pero es probable que si buscamos bien en el Código Penal sea un delito y pueda denunciarte.

Marcos sonrió y cogiéndome de la barbilla me dijo:

- Anda, dame un besito mi capullita.

¡¡¡Y encima me llama capulla pero en fino!!! No entendía nada, miré hacia un lado y hacia otro, no había nadie y, lo peor de todo, ni rastro de esa playita por la que mi marido quería pasear y a la que yo podría haberme tirado y ahogarme para no seguir escuchando todo eso.

- Venga, dame la mano, mi fierecilla, que hoy estás que trinas.
- Como vuelvas a llamarme así pido el divorcio express, te lo juro.

Él soltó una carcajada que más que eso pareció un rebuzno. Y de repente dos siluetas aparecieron por el horizonte. Eran dos amigas, las reconocí al instante, y antes de que pudiera decirles nada se presentaron como si fueran dos desconocidas.

- Hola, me llamo Pili, como la peli de "Pili y Mili" -dijo soltando una risilla nerviosa.

Iba vestida toda de Channel color rosa, con unas gafotas enormes de sol y el cuello lleno de perlas.

- Dale a me gusta si crees que la declaración de amor que he hecho a mi churri es ideal y que su campanilla es pequeña y sonrosada como Peggy.

Yo no daba crédito. Pero lo más sorprendente fue cuando su acompañante, vestida con un maillot y una falda de éstas de tutú de bailarina, se presentó.

- ¿Qué tal?, me llamo Cucu, como el cucu-trás -dijo sin pestañear y con una sonrisa más falsa que Judas.
- O como la canción de "Cucú cantaba la rana" -soltó Pili, sin perder la dignidad.
- ¡¡Bueno ya está bien!! -dije roja de indignación.
- ¡No!, yo sé una mejor -dijo Cucu-: Dale a "me gusta" si estás a favor de que el tinte rosa para el pelo de caniche entre por la Seguridad Social.

JAJAJAJAJA, JOJOJOJOO, JIJIJIJIIJJIJI, los tres empezaron a reírse primero de la forma más cursi y espeluznante que he oído en mi vida, después de una manera que parecía más diabólica que otra cosa.

- Esto no me gusta -dije-, me estáis asustando, ¿de qué vais?, ¿qué os ha pasado?, ¿dónde está vuestro vocabulario normal?

- Cari, tranquila, ¡no te alteres! -me dijo Marcos.
- No seas rancia -dijo Pili.
- Venga, vamos a hacernos un selfie los tres, que la ocasión lo merece -dijo Cucu.
- ¿Qué ocasión?, ¿esta ocasión en la que los tres os habéis vuelto majaras y habláis como si Lydia Bosch se estuviera declarando a Emilio Aragón en Médico de Familia?

JAJAJAJA, JOJOJOJOOJ, JIJIJIJIJIJIJI, volvieron a reír los tres. Entonces se dieron las manos, hicieron un círculo en el que yo me quedé encerrada y empezaron a cantar El Corro de la Patata.

¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!! Grité mientras me arrodillaba y me tapaba los oídos con todas mis fuerzas.

Me desperté sobresaltada de la siesta. Me había quedado dormida sin querer, y de fondo escuchaba las carcajadas de Marcos y mis amigas. Me asomé sigilosamente al salón y allí estaban, con su forma de vestir normal y su hablar normal.

Suspiré aliviada. "Nunca más volveré a reírme de la gente que llama a sus parejas caris y churris", pensé, "y alguna que otra vez le daré a Me gusta si creo que el amor es maravillosooooooooo". 

Ay, no y no, me niego, llamadme rancia, seca o borde, pero detesto las cursiladas. Desde aquí toda mi admiración a todos aquellos que tienen el valor y la jeta de declararse a sus parejas públicamente por Facebook, Twitter o lo que sea para que todo el mundo sea testigo de ese amor tan fantásticamente maravilloso. Pero..., esto que voy a decir sé que a muchos les parecerá horrible y desconsiderado, pero otros lo pensaréis tal y como yo lo voy a expresar aquí: ¡¡Y A MÍ QUÉ ME IMPORTA!!

martes, 22 de julio de 2014

Valentina

7 de julio de 2014. 

Estoy dormida.

A las 6:30 de la mañana siento un dolor muy intenso y me levanto de la cama.

Al ponerme en pie me hago pis, literalmente, encima.

Que resulta que no es pis, es que he roto aguas.

Despierto a Marcos.

Ambos tranquilos, el anterior parto había comenzado así y hasta casi dos días después no salió la criatura.

Salvo por los dolores, en el anterior no tenía dolores al romper aguas.

Ahora sí, muy fuertes.

Qué hacemos con Vidal, que está dormido, porque nos vamos corriendo al hospital.

Llamo a mi fiel amiga Pili.

Estaba dormida, la despierto, está atontada, divaga..., pero se presenta en mi casa en escasos 15 minutos. 

Mil gracias.

Llamo a mis padres, a los que también levanto de la cama para venir a Toledo.

Y nos vamos.

Cada vez me duele más.

A veces no puedo ni andar.

Estoy un poco asustada, pero intento mantener la calma.

Entro por Urgencias. Son las 7:15 aproximadamente.

Voy andando con una celadora, que me lleva donde las embarazadas. 

Tengo que pararme cada pocos pasos porque el dolor no me deja ni andar.

En seguida me atienden.

La matrona me explora.

"Ya estás de 5 centímetros".

"Quiero la epidural", digo tranquila.

Me ponen una vía, me monitorizan.

"Vas muy deprisa, no sé si dará tiempo, aún debemos ponerte un litro de suero para que te inyectemos la anestesia".

Apenas puedo hablar.

Entra la anestesista a los pocos minutos.

"No, márchate" -le dice la matrona-, "ya está de 9 centímetros, ya no se la ponemos".

¿¿¿¿¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?????????? - pensé para mis adentros, pero no dije nada, sólo sabía que el dolor era intenso, insoportable.

Llegó Marcos.

Me llevaron al paritorio.

Qué dolor.

Empuja.

No puedo, me duele, me escuece.

La matrona y su ayudante estaban muy tranquilas, cosa que a mí también me tranquilizaba.

Apretaba, pero veía las estrellas, tenía la sensación de que me abría en canal desde los pies hasta la cabeza.

Sé que dije incoherencias, como "me muero", "por favor sacádmela vosotras" o "¿no podrá salir sola sin que empuje?".

Sentía calor, pedí que me apartaran el pelo de la frente.

"¿Qué hago ahora?", les preguntaba cuando no tenía contracción.

"Lo que te pida el cuerpo", me decía la matrona.



Y Valentina tardó poco en salir. 

Eran las 8:45 de la mañana.

3,890 kilos. 50 centímetros.

Me pusieron a la niña encima, que no dejaba de llorar.

Marcos estaba al lado, emocionado.

"Gracias por todo", le dije a la matrona y a su acompañante, porque su tranquilidad y la sensación de que sabían en todo momento qué hacer fue para nosotros un alivio en cada segundo que pasaba.

"Gracias a ti", me dijeron ellas, "ha sido un parto muy bueno".

Sentí un alivio tremendo, ya no me dolía nada.

Pero duró unos segundos solo.

Luego la placenta, después te cosen, te estrujan, te aprietan... 

Pero Valentina ya estaba aquí. Gritando con sus pulmones que ya había salido.

El mismo día de mi cumpleaños.

Felicidades.

Menudo regalo.

Parir es una experiencia muy intensa, animal, pero también muy desagradable. Yo no soy nada sensiblera y no soy de las que se emociona, por eso todas las que dicen que menuda experiencia, que qué bonito y todo eso, me sorprenden, porque yo no lo creo así. Es bonito cuando te ponen a tu hija encima, pero lo demás es bastante horrible, los empujones, el dolor, las exploraciones... Te sientes completamente vulnerable, a merced de unos y otros y tumbada en esa camilla, casi de tortura, totalmente indefensa, esperando que todo acabe de una vez.

Y yo puedo sentirme muy afortunada por este parto, rápido, limpio, sin complicaciones; porque el anterior fue largo, muy doloroso y agotador, y con cierta complicación. Por eso llevaba unas semanas, o casi diría que unos meses, asustada, nerviosa, porque la primera experiencia fue tan brutal y tan traumática, que sólo la idea de que se pareciera ni lo más mínimo me daba escalofríos.

Pero no fue así. Duele, vaya que si duele, pero se cumplió mi deseo: corto, por favor, algo corto.

Y este ha sido mi 38 cumpleaños, con una personita más a la que cuidar, por la que desvelarnos.

Bienvenida.

miércoles, 23 de abril de 2014

Tragedia en la puerta del colegio

Ser madre (o padre, supongo) es duro, muy duro, o al menos a mí me lo parece. No quiero parecer demasiado sensible, tal vez lo sea o tal vez es la época que estoy viviendo, o puede que sea así porque sí, pero hoy me siento un poco desolada, y simplemente quería ponerlo aquí, para leerlo más adelante y a lo mejor reírme.

    Seguramente las que no son madres no me entienden, yo tampoco lo haría si no lo fuera; y probablemente las que tienen la terrible desgracia de tener hijos con algún problema o alguna enfermedad, lo consideren una sensiblería estúpida. Pero dentro de la nimiedad de mi caso, de lo ridículo que pueda parecer, hoy me siento así y lo voy a contar, porque quiero, porque este es mi sitio y porque estoy convencida de que más de una se va a sentir identificada, por muy ridículo que parezca desde fuera.

    Este es mi caso, y que nadie suelte una carcajada: he llevado a mi hijo al colegio y se ha quedado llorando como un desesperado (lleva haciéndolo desde ayer, tras las vacaciones de Semana Santa). Me decía cosas ininteligibles, me llamaba a mí y a su padre a gritos, me tiraba de la ropa para no separarse de mí, pedía algo entre lloros que yo no lograba entender, mientras con un nudo terrible en la garganta, en el estómago, en los pies y en todos lados, intentaba zafarme de él, cuando la realidad es que me lo hubiera llevado de allí en volandas porque no puedo imaginar más dramatismo en una situación, tipo separación porque se llevan a tu hijo… ¡¡secuestrado a algún país lejano!! (bueno, si fuera un secuestro no me podría despedir de él, ahora que caigo).

Al dejarle allí, con la profesora, con sus compañeros, y llorando a moco tendido provocándome la sensación de que mi hijo cree que le abandono, que le dejo en ese estado lamentable sin piedad, me he sentido como un puntito en el desierto, como si me engullera la arena y me ahogara, triste, impotente, llorando como una tonta y necesitando un abrazo que me ha dado vergüenza pedir porque me parecía una situación de lo más ñoña y ridícula (lo que me extraña es que no me esté dando vergüenza contarlo).

    ¡Qué raro todo esto! Antes, cuando veía en las noticias lo de la vuelta al cole, con los niños llorando como corderitos, me hacía hasta gracia. Ahora, si el hijo es el tuyo y se agarra a tu cuello como si fueras su bote salvavidas, me da una pena espantosa; además, tienes que contener las lágrimas y parecer que aquí no pasa nada, al menos delante de él. Luego, cuando te das la vuelta y no te ve, ya es otra historia.

A veces me pregunto por qué las cosas no son, simplemente, fáciles. En fin, lo miraré de esta forma: yo también he vuelto de las vacaciones y al ir hacia el trabajo no lloro porque soy adulta; buenas ganas me entran de berrear como una loca agarrada a la farola mientras mi jefa tira de mí "¡¡que tienes que terminar 20 notas de prensa, ven aquí ya, remolona!!".

"¡¡Nooooo, mamá, no me dejes solita, perdóname, te quiero mucho, ya me voy a portar bien, noooooooooooooo!!", diría yo para intentar librarme de lo inevitable.

En fin, mañana será otro día.

martes, 15 de abril de 2014

Qué come una tarjeta de crédito

Yo podría perfectamente hacer el papel de la Infanta, en plan "no me entero de nada de lo que hace mi marido con la pasta", "no sé ni cuánto dinero tengo en la tarjeta de crédito"... Eh, eh, que hablo en serio, yo sería la versión real (no de realeza, sino fidedigna) de ella, solo que en lugar de con millones de euros en la cuenta, con 400-600 eurillos, euro arriba, euro abajo, en la mía. Pero la verdad es esa, que me fijo poco en mis movimientos bancarios.

Hasta que el otro día..., ¡zas!, me di un golpe en la cabeza y decidí mirar mis movimientos del último año. Bueno, ya en serio, lo hice porque quería cambiar de tarifa de móvil y quería ver qué gasto medio he tenido. Así que me puse a rastrear y cuál fue mi sorpresa cuando compruebo que mi amado banco me quita, así porque le da la gana, 10 euros cada tres meses, más otros 19 euros anuales de "mantenimiento de tarjeta". Total: 59 euracos al año por toda la jeta. Que dan rabia, mucha, pero más si te pones a pensar en la de cosas que podrías hacer con ese dinero (la Infanta hará poca cosa, pero yo y la mayoría de los mortales les sacaríamos seguramente mucho partido).

Pues yo ala, rauda y veloz llamé por teléfono a mi banco. Me atendió una chica majísima y le pregunto que de dónde vienen esos 10 euros cada tres meses, y me dice la tipa:

- Bueno, eso es porque no tienes un saldo medio en tu cuenta de 2.000 euros.

"Perdona chata, si tuviera ese saldo medio no se me resistirían esos zapatos carísimos y preciosos que me miran cada vez que paso por el escaparate de la tienda".

- Si los tuvieras, no te cobraríamos esos 10 euros al trimestre -continuó Toñi, creo que se llamaba.
- ¿Cómo? -le contesté-, ¿me estás diciendo que si tengo más, no me quitáis dinero, pero si tengo menos, me quitáis al año 40 euros porque sí?

La chica soltó una risilla muy digna.

- Bueno, sí, es así.
- Aaahhh -dije sin saber qué opinar al respecto.
- Pero si te acoges al plan XXXX (ni recuerdo el nombre ni me interesa), no te cobramos nada, pero claro, tienes que ingresarnos tu nómina y hacerte una tarjeta de crédito.
- Ya tengo una, por la que me cobráis 19 euros al año.
- No, no, esa es de débito.
- Aaahhhh -volví a decir-, pero oye, una duda, ¿en concepto de qué me cobráis 19 euros al año por la tarjeta?, porque antes era gratuita. ¿Esto cómo va?, primero nos la dais para que veamos lo cómodo que es y luego, cuando ya nos hemos acostumbrado, nos cobráis, y no muy barato, precisamente.
- Bueno, el cobro es por su mantenimiento.
- ¿Qué mantenimiento necesita una tarjeta de crédito?
- Mmmmmm, bueno, es el servicio que damos -La chica creo que no supo qué decir.
- ¿Es que hay que sacarla a pasear?, ¿necesita alimentación?, ¿chapa y pintura?, ¿qué mantenimiento necesita una tarjeta?, ¿no me quitáis ya suficiente con los 40 euros anuales en concepto de que "como tienes poco dinero, te quito más"? Creo que me saldrá más barato comprarme una mascota, tipo pez, hamster o canario.
- Es por el mantenimiento -repitió Toñi poniéndose un poco nerviosa.
- Bueno, pues entonces quiero cancelar mi cuenta, no me merece la pena que me quitéis 59 euros al año.


Toñi guardó silencio, la escuché teclear y me dice:
- Susana, tú tienes tu cuenta en Madrid, tienes que cancelarla allí.
- ¿Quééééééééééé?, pero si vivo al lado de vuestra oficina, ¿me vas a hacer ir a Madrid?
- Es que es lo que hay que hacer, por cierto, ¿calle Guzmán el Bueno?, qué gracia, mi hijo vive allí, que está estudiando, me encanta esa zona, voy muy a menudo y es estupenda.

¡¡Anda con Toñi!!, ahora quería camelarme y hacerse amiguita mía contándome la vida de su hijo estudiante.

- ¿Tú vivías por allí?
- ¿Yo?, eehh, sssí, claro -Tuve que contener mis ganas de parlotear con esta chica, que quería hacerse amiga mía y colarme lo de la tarjeta de crédito nueva, así que fui fuerte-. Bueno, entonces tengo que ir a Madrid, ¿en serio no se puede hacer de otra forma?
- Mira Susana, es mejor que les llames a ellos y les expliques lo que me has contado a mí.

La pobre Toñi prefería lanzar la patata caliente a otra persona; total, no querría ser ella la responsable de mi salida de su banco y, claro, ella no habría puesto las reglas de que me quiten al año 59 euros que yo tan ricamente podría emplear en otra cosa.

Así que la dejé tranquila, total, ella no era la responsable de ese cobro anual, ella sólo cumplía órdenes de arriba, imagino. De esos señores trajeados, que oye, yo entiendo que tengan que cobrar, al fin y al cabo te dan un servicio, pero como no me merece la pena y me parecen unas comisiones totalmente abusivas, me guardo mis cuatro perrillas debajo del colchón y santas pascuas.

miércoles, 2 de abril de 2014

Situaciones (VII): Tiendas trampa

Antes de entrar en una tienda a la que sólo quiero ir a "mirar", observo a través del escaparate si hay clientes comprando, o mirando, o lo que sea, algo que no haga que esté yo sola en la tienda, que suele ser pequeña, con la dependienta, y enfrentarme al típico "¿Te puedo ayudar?".

Las que hayan leído este párrafo y se sientan muy seguras de sí mismas cuando se ven en esta situación pensarán "bueno y qué si hay alguien o no, tú entras y punto". Pero no, yo no estoy metida en ese grupo, yo necesito que me dejen a mi aire y que no me pregunten, ni estén detrás, ni me agobien. En más de una tienda y más de dos me he comprado algo por comprar, por vergüenza a no llevarme nada, porque la dependienta ha sido tan sumamente maja conmigo o le he dado tanto el coñazo que, al final, aunque no me guste nada, acabo llevándome lo más barato, por comprar algo.

Pero no voy a detenerme en la situación de ser yo la plasta (eso daría para otro post), la que hace que le saquen 20 sujetadores y 40 bragas y al final no se lleva nada, dejando el mostrador de la tienda como un cajón de éstos de rebajas donde puedes revolver lo que sea. Prefiero hablar de las "tiendas trampa", o las dependientas "ladinas", que se dedican a embaucarte con su sonrisa encantadora, con sus palabras aduladoras o, peor que todo eso, diciendo a tu hijo toda clase de gracias, regalándole piruletas e incluso, y esta situación es real, subiéndole a su silla del mostrador y enseñándole en el ordenador unos dibujos animados para que tú puedas mirar tranquilamente la tienda entera, probarte lo que te dé la gana mientras ella te dice "tranquila, tranquila, tú mira lo que quieras, que ya le vigilo yo". ¿Quéeeeeeeeeeeeeeee??, ¿cómo vas a salir de esa tienda sin llevarte ni un solo trapo?, imposible. Y lo peor de todo es que empiezas a apurarte muchísimo cuando, tras la prenda número 15 que llevas probada, compruebas que ninguna te convence, con el consiguiente dilema "vale, vale, ¿qué hago yo ahora?, mi hijo lleva más de 30 minutos hipnotizado con Peppa Pig, yo estoy desmantelando la tienda y ¡¡¡no me gusta nada!!!".

Entonces miras las etiquetas a toda velocidad, porque quieres salir de allí, y empiezas a clasificar entre lo carísimo, lo que no está mal de precio y lo que está tirado de precio. Como suele ser habitual, de esta última categoría no te gusta nada, así que vas a la categoría central, y clasificas entre lo que no te gusta nada y lo que te gusta ni fu ni fa; vuelves a probarte otras cuantas cosas y eliges algo, "esto mismo, total, son 20 euros".



Sales del probador apuradísima, la chica sigue con su sonrisa hasta el infinito y dejas la prenda elegida en el mostrador, "¿qué tal?", "pssss, bueeeeno, es que tienes tantas cosas que no sé cuál elegir". Madre mía, menuda respuesta ridícula. Imagino que la dependienta está acordándose de toda mi familia, y más aún cuando, casi dispuesta a pagar, ves unos pendientes pasables por 6 euros, de estos que te dejan la oreja como un tomate deshidratado, "ay, me los llevo", y dejas la prenda de 20 euros olvidada, así con disimulo, pagas los pendientes, coges a tu hijo en volandas y con una sonrisa enorme dices "bueno, muchísimas gracias, me encanta todo, hasta pronto". Ufffff, la cosa me ha salido por 6 euros, no está mal.

Pero, ¿a quién le manda a ella pelotear a mi hijo y ponerle Peppa Pig?, si lo hubiera dejado tranquilo no habría podido probarme ni cuatro cosas, y ahora ella no tendría que estar colocando de nuevo toda su colección.

Pero es peor cuando te captan para el tema cremas faciales. Las dependientas son encantadoras, te dicen "bueno, a ti no te hace falta una antiarrugas, pero sólo te la sugiero por prevenir" (¿será mentirosa la tía?, si tengo unas patas de gallo que se podría formar un corral); te enseña la crema más cara, que huele fenomenal y encima te hace creer que con ella se van a borrar todas tus arrugas. Porque eso sí, deben de tener los espejos trucados, porque te echan un poco alrededor de los ojos y ¡zas!, ¡qué joven estoy de repente! Entonces piensas que cómo vas a desaprovechar esa oportunidad, que total 80 euros no es dinero si te desaparecen esas arrugas. ¡Noooooooooooooooooooooo!! Ay, a mí una dependienta me ha llegado a decir que la crema que iba a comprar era igual que si me bebía al día 2.000 litros de agua. ¿¿¿¿Cómoooooooooooo????, tuve que disimular para no soltar una carcajada, ¡¡si me bebo esa barbaridad no sería humana, sería una ballena!!



¿Y las que te salen con que, anda, date un capricho, que te lo mereces, que para eso trabajas? Ufffff, esta situación también es real, en el Corte Inglés. Una dependienta me pilló mirando un bolso de 600 euros, que jamás compraría, pero lo miras, te lo cuelgas, te ves en el espejo y te gustas, nada más, luego lo dejas en su sitio. Fue tan pesada que tuve que inventarme que si llego a casa habiéndome gastado 600 euros en un bolso mi marido me la lía.

Pues la tía, como nuevo argumento me dijo "anda, anda, cuántos años llevas casada", "cuatro", le respondí, "claro, es que yo llevo 14. Cuando lleves lo que yo te darás cuenta de que tu marido no tiene por qué enterarse de lo que haces; te lo mereces, date un homenaje". Esa vez sí tuve seguridad en mí misma y, claro, salí de allí sin bolso, ni pendientes ni nada, "prefiero darme el homenaje en la tienda de helados de la esquina".

martes, 18 de febrero de 2014

El timeline de Vilma Picapiedra

- Perdona Susana, necesitamos que nos paséis el breafing porque tenemos que enviar el timeline a Barcelona, y si puedes incluir la landing page, mejor.

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿????????????????????????????????????

Levanté la ceja y miré rápidamente a la pantallita de mi teléfono en mi mesa de trabajo, porque me había parecido ver que la llamada venía de Madrid, y no de Nueva York, Londres o alguna ciudad extranjera. ¿Breafing?, ¿timeline? Se me quedó helada la mente, no había entendido ni una palabra de lo que me había dicho esta chica tan pija y agradable, y lo peor de todo es que me estaba dando una orden, quería que hiciera algo, esperaba algo de mí, además de manera urgente, y no había entendido ni papa.

Yo así, ala, tan valiente, como si no hubiera un mañana, le contesté:

- Sssssí, por supuesto, en unos minutos lo tienes.
- Aahh, ¡qué bien! -contestó la chica-, ¿sólo tardarás unos minutos? Pensaba que aún no habías hecho nada de la mini site.
- ¿QUÉÉÉEÉÉÉÉÉEÉÉÉÉ´?????, pero tía, háblame en castellano, que tenemos una lengua más rica y variada que la ensalada mediterránea.

Eso no se lo dije, sólo lo pensé. Y de nuevo, armada de valor cual Juana de Arco, o más bien cual loca de la colina, decidí que no iba a quedarme atrás y metería en nuestra conversación otra palabreja de ésas que precisamente ayer escuché.

- No te preocupes, nos queda poco más que definir el claim.
- ¡¡Qué me dices!!- dijo ella encantada de la vida. Y fue cuando me di cuenta de que había dicho algo terrible, que implicaba algo que no tenía ni idea de lo que era.

"Ufff, cuando cuelgue el teléfono y mi jefa se entere de esto voy derecha a las listas del paro". Y lo peor de todo, porque yo estaba apuntando todo lo que me decía la tipa, ¿en qué diccionario busco yo ahora todos esos términos que me ha dicho que haga? 

De repente me sentí como Vilma Picapiedra engullida con su troncoteléfono por una jauría de palabras sin sentido.

- Entonces genial,  ¿ya habéis tenido la brainstorming?, si nos dais más ideas de claim, nos vendría fenomenal. ¿Habéis pensado también en cómo vais a hacer la newsletter aportando la idea de win-win?

AY DIOS MÍO, esta conversación debía acabar cuanto antes. Después de decirle un decidido "Sí, of course", que le produjo una risilla nerviosa, mi mente empezó muy deprisa a pensar en qué hacer para no volver al trabajo en al menos dos o tres meses.

Pero la chica seguía erre que erre con sus palabrotas.

Vilma Picapiedra con su teléfono de última generación.
 - De verdad, sois geniales, y ya si de paso me haces un pequeño análisis del target, sería la bomba.

¿Pero tú qué te has creído?, ¿que te voy a analizar el target? Chica, vete a un médico. Decidí no ser ya tan espléndida y no concederle todo a esta pidona:

- Ufff, no sé si eso va a poder ser.

De repente, silencio absoluto. Con esas pocas palabras me dio la sensación de que le había dado un tortazo en toda la cara con mi troncoteléfono.

- ¿Cómo? -dijo con tal tono de voz que parecía que estaba tirándose de los pelos- , ¿no habéis analizado aún el target?, me dices que tenéis la landing page, la newsletter y hasta el claim, ¿y no tenéis el target?

Ahora el silencio vino de mi parte; la tía hablaba como si tener todas esas cosas y no tener el target fuera como tener un coche sin ruedas o, peor aún, un plato de pollo frito sin el aceitito para mojar. Volví a ponerme mi coraza de superwoman.

- Pues no, lo siento un montón, se nos perdió ayer.

Yo es que ya me lié la manta a la cabeza y me dije "ala, de perdidos al río, voy a cargarme a un cliente en menos que canta un gallo. Así, porque yo lo valgo, soy una fenómena, que estas cosas que pide no pueden ser decentes".

- ¿Es que se os ha caído el sistema? -me preguntó alarmada.
- Mmmmmm, sssssí, quiero decir, se cayó pero afortunadamente ya está todo en su sitio, excepto el target, que no aparece por ningún lado.
- ¿Pero es que no habéis hecho un copy page?
- Pppppuessss, hacer, lo que se dice hacer... Lo hemos encargado.
- ¿Cómo?
- ¿Qué?
- Ya sabes que estamos dando a conocer nuestro branding y contamos con vuestra colaboración.

Una auténtica nube negra estaba posada sobre mi cabeza y estaba echando un chaparrón interminable. Me sentía patética y empapada, ¡¡ay no!!, ¡¡no era un chaparrón, era mi sudor que corría raudo por mi frente y golpeaba lentamente las teclas de mi ordenador!!

- Sí, sí, sí -dije por salir del paso- el branding está claro.
- ¿Pero qué pasa con el target?
- Yo te lo busco.
- ¿No tienes netbook?
- Mmmmmm
- ¿Ipad?

¡¡La madre que la parió!!, ¿por qué no sería esta chica de Tomelloso, por poner un ejemplo? Seguro que entonces nos entenderíamos mejor.

- Oye Susana, ¿te pasa algo?, no entiendo nada de esto.
- ¿Que no entiendes nada?, ¡¡pues anda y que yo!!

- ¡¡¡¡SUSANA!!!!!  ¡¡La estás cagando!!, ¿cómo puedes prometer la landing page, el claim y la newsletter en unos minutos y olvidarte del target?, ¡¡contestaaaaaaaaaaaaaa!!

Mi jefa estaba frente a mí, roja como un tomate y más cabreada que una mona.

- ¡¡Susana!!, ¡¡Susana!!, ¡¡¡contesta!!!

De repente sentí un golpe seco en todo mi cuerpo. Me había caído redonda de la cama. Estaba sudando como un pollo asado y respiraba a gran velocidad.

- ¡¡Noooo!!, ¡¡socorro!!, ¡¡sé qué significan todas esas cosas, lo juro!!

Mi marido se levantó sobresaltado.

- ¡¡¿¿Qué te pasa??!!, ¿estás bien?
- Claim, target, branding, newsletter, landing page... -no podía decir nada en castellano.
- ¿Pero de qué hablas?
- Pechuga de pollo, armario, mesa, cuaderno, página, solomillo...
- ¿Pero qué dices?
- Las sé, todas esas palabras las sé, lo juro.
- ¿Qué palabras?
- Dime algo en nuestro idioma.
- ¿Te has hecho daño?, ¿estás bien?, venga levántate y cálmate, ha sido una pesadilla.
- Vale, vale, gracias, con eso es suficiente. Ya me encuentro mejor, ¿qué día es hoy?
- Viernes, bueno ya sábado.

Sí, sí, todo había sido una terrible pesadilla.Volví a la cama, me abracé a mi Pedro Picapiedra y respiré aliviada.



martes, 11 de febrero de 2014

Situaciones (VI): Qué pensar cuando presentas un acto

El mes pasado tuve que presentar un acto ante unas 90 personas y, bueno, creo que es mucho peor tener que dar una conferencia o algo parecido, donde se supone que tienes que dejar al descubierto toda tu sabiduría. Lo de presentar un acto no es así, es algo más liviano, llevas un guion, no estás enseñando nada a nadie, simplemente saludar, dar la bienvenida, ser majísima, sonreír, no parecer tensa como si te estuvieran apuntando con una pistola y, sobre todo, introducir a los que sí van a intervenir y a decir algo de interés.

Así contado parece fácil, pero no lo es. Yo me enteré de que tenía que hacerlo dos días antes, y sólo unas 12 horas antes estuvo en mi poder el guion que tenía que, más que leer, decir a los presentes, siempre adaptándolo a mi lenguaje y a mi forma de ser y todo eso. Que sí, que sí, que está muy bien todo, pero que no es tan fácil, porque subes allí y te das cuenta de que, como es lógico, todos te miran y, algunos probablemente no sólo eso, también te diseccionan.

Yo soy muy de improvisar, no ponerme nerviosa, mantener la calma prácticamente siempre, y en situaciones como esta, donde "sólo" es trabajo, procuro no perder la calma jamás. Pero después de un par de experiencias para un canal local, micrófono en mano como reportera y yo muy atrevida "bah, ya diré lo que sea" y quedarme bloqueada cuando se enciende el pilotito rojo de la cámara y hasta llegar a decir que un grupo de políticos fueron "recepcionados en el auditorio municipal", como si fueran naranjas, decidí que era mejor aprenderse de memoria hasta el último suspiro.

Así que dediqué el par de horas previas al comienzo del acto a aprenderme lo que iba a decir. Hice retoques, lo adapté a mi forma de hablar, ensayé hasta la saciedad..., pero luego llega el momento, te pones delante del micrófono, miras a toda esa gente que no te conoce de nada y... ¡ayyyyyyyyyyyyy, quiero salir de aquíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!

Penosa primera intervención con cara inexplicable.


Cuando comencé a decir mis primeras palabras empecé a notar un calor recorrer todo mi cuerpo, luego un temblor y luego me dio por pensar que estaba hablando muy deprisa y como un robot. "Ay madre, esto no puede seguir así", pensé, porque era capaz de pensar a la vez que leía y miraba a la gente. En realidad es muy complicado, hay que hacer muchas cosas a la vez mientras parece que no haces ninguna.

Mi primera intervención fue penosa; conseguí a duras penas presentar al primer invitado, que me sustituyó en el atril, y pude sentarme y casi desmayarme. No me desplomé en la silla por respeto al auditorio. Entonces me puse a pensar, a mirar a la gente, y de repente decidí que ya no me pondría nerviosa en mis siguientes intervenciones, ¿para qué? Lo más importante que decidí fue esto: "voy a hacerlo rematadamente bien porque los que están aquí sentados me importan un carajo todos y si doy un traspiés, me la pela", hablando mal y pronto.

Hay gente que tiene como táctica imaginarse al público totalmente desnudo, pero creo que eso supone un esfuerzo aún mayor, porque tienes que pensar en la desnudez de cada uno, ¡¡y los hombres sentados!! A mí la imagen de un hombre sentado y desnudo me desconcentraría aún más. No, no, no es una buena táctica, es mejor pensar que no les conoces, que no te importan, que tú no les importas a ellos y que sólo quieres hacer bien tu trabajo.

Un rato después, dueña de mí misma y con mi pensamiento estrella.


No estaba frente a mi madre, que siempre suelen ser las más críticas, ni frente a nadie que me conociera realmente, así que frente a la seguridad de que todos los que están allí te dan exactamente igual y tú les das exactamente igual a ellos, volví a mi atril a seguir con mi guion, esta vez más confiada, majísima, con la sonrisa en la cara y, eso sí, que una no es de piedra, deseando que acabara todo esto y poder lanzarme sin piedad a los canapés que venían después.