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martes, 28 de mayo de 2013

Manías

Mis manías van conmigo a todas partes. Yo las tengo de muchos tipos: caseras, corporales o callejeras. Y eso que no me considero una persona demasiado maniática; pero ahí voy, a contar las más recurrentes, a ver si a alguno de vosotros os suena y os sentís identificados.

Mi "manía estrella", la que va conmigo desde el principio de los tiempos es el resecamiento de mi piel. No sé si será una manía o, como dice mi madre, que estoy mal de la cabeza. Consiste en lo siguiente: siempre, siempre, absolutamente siempre después de mojar cualquier parte de mi cuerpo y que ésta se seque (véase fundamentalmente manos, pies, tobillos, rodillas y cara, en orden de más a menos reseco) tengo que echarme una dosis considerablemente alta de crema. Ayyy, si no fuera por la crema me volvería loca; tengo cremas en el bolso, en el salón, al pie de la cama, al lado del ordenador de casa y en el cajón del escritorio de mi trabajo. Si no me echo crema mi piel empieza, como yo lo llamo, a "resecarse", no puedo evitar frotarme las manos compulsivamente sintiendo una sensación áspera, seca y muy muy desagradable; y lo que es peor aún, lo hago una y otra vez, lo de frotarme las manos, o los deditos de los pies, o estirar la cara..., simplemente para sentirme fatal, mal, peor, y para corroborar que ¡¡necesito crema ya!! Y como no la tenga a mano..., entonces me vuelvo a mojar una y otra vez hasta que la consigo. En fin, al menos esta manía tiene una ventaja enorme: mi piel está hidratadísima y tengo una suavidad extrema.


Mis pies sufren los estragos de mi manía estrella.


Otra manía que me persigue son los trapos de cocina. Es horrible, no soporto verlos sin doblar. No es que no me guste, es que me entra como una especie de mini-nube-negra y necesito doblarlos y colocarlos al instante. La cocina puede estar limpísima, pero como tenga el trapo de cocina tirado ahí de cualquier manera en la encimera, me da la sensación de que está todo sucio y desordenado. Mi marido sabe bien de lo que hablo; el pobre los dobla automáticamente cada noche, como un robot, no sea que cuando yo llegue a pasar revista me encuentre con el aterrador panorama de un trapo arrugado en cualquier lado.

Lo de contar mentalmente los números de las matrículas de los coches es algo que ya he oído por ahí; yo he tenido esa manía a temporadas, pero la que tengo ahora es mucho más engorrosa: cuando voy por la calle y veo un letrero de lo que sea, cuento mentalmente las letras, y las "i", "j", las que tienen tilde o llevan algún complemento (véase la Q o la T) cuentan doble; por ejemplo si leo "Joyería", la palabra tiene una puntuación de 9. El triunfo está en encontrar una palabra que tenga una puntuación de 10. Es bastante agotador, porque no suelo encontrar muchas, y es bastante patético, porque cuando la encuentro, parece como si alguien me diera una palmadita en la espalda diciéndome "muyyyyyyyyyy bien". Espero que se me pase pronto.

Y afortunadamente ya no tengo botella de butano en casa, pero la he tenido durante muchos años y hasta no hace demasiado tiempo. Los enamorados dicen eso tan cursi de "eres lo último en lo que pienso antes de irme a dormir", bueno pues yo no, yo siempre pensaba en la botella de butano. Tenía que revisarla antes, no de irme a la cama, sino de dormir; si la revisaba y me metía a la cama a leer, cuando terminaba y me disponía a dormir, aun sabiendo que ya la había mirado, volvía de nuevo a la cocina. Y la revisión no consistía en mirar o tocar la alcachofa para ver que estaba cerrada; no, no, yo contaba mentalmente hasta 10 mientras pasaba el dedo una y otra vez por ese interruptor negro que tienen. Pero lo peor viene ahora: no contaba hasta 10 una sola vez, lo hacía al menos tres o cuatro o cinco, es decir, que en realidad contaba como hasta 50 o más. Agotador, realmente agotador. Cuando el butano salió de mi vida me sentí muy aliviada.

Y por último mi manía con las puertas. Hay algunas estancias de la casa que me son indiferentes, pero otras "deben" tener la puerta así o asao, de cerradas o abiertas, me refiero. La que más lata dio a mis hermanos y amigos fue la del salón del piso en el que vivíamos en Madrid. La puerta debía estar cerrada, pero no del todo, simplemente con una finísima abertura. Si estaba abierta o entreabierta me daba la sensación de que algo se escapaba, de que las visitas se iban rápido; si estaba totalmente cerrada me sentía ahogada. Y la manía sigue ahí, porque cada vez que vuelvo al piso, mi puerta me espera para que la ponga como Dios manda.

lunes, 20 de mayo de 2013

Piel y líquido


Mi temperatura corporal depende de tus manos y de la intención en tu mirada. Sé que los principios tienen esto, que estás a merced total y absoluta no de un sentimiento, sino de una sensación física tremenda y muy poderosa. Pero aun así, a sabiendas de lo que me espera, decido dar el salto y mirar a la cara a esto que hemos comenzado, que no deja de pellizcarme cada rincón de mi cuerpo hasta que duele, escuece y da placer.

Anoche, cuando tumbada en la cama sentí tus dedos cosquillear por mi espalda me dio la sensación de que mi cuerpo se convertía en agua; era un líquido claro, transparente y que podía envolverte sin dejar ni un resquicio de tu anatomía sin abrazar. Qué sensación tan intensa y calurosa, a pesar de ser yo todo líquido y sentir escalofríos con tu aliento.

A cada compás de tus movimientos respiro hondo, cierro los ojos y casi pierdo la consciencia; aun así sé que estoy contigo, que son tus ojos los que me miran frente a frente y que es tu espalda la que recibe mis dedos como acero, agarrándose a tu cima y sabiendo que, cuando me deje caer, ahogarás mi gemido con tu boca y con una sonrisa de triunfo masculino, porque una vez más me he dejado llevar, sin saber hacia dónde conduce esto. Rectifico, sí lo sé, a ningún sitio que tenga que ver con la cordura. 

Es lo que tienen los comienzos, que no hay tiempo ni para hablar y menos aún para pensar. La piel sale a la luz, se busca con la tuya, se huele, se palpa y, al final, es todo un revoltijo animal de fluidos, alientos, susurros no siempre románticos, a veces obscenos, y piel, mucha piel junto a la tuya, más piel con piel que la vez anterior…, y más ganas cuando esto termina de repetirlo en el próximo encuentro, y en el siguiente, y el siguiente…, hasta que esto acabe, hasta que se vayan consumiendo tus ganas y las mías, llegue el punto y final o haya que dar el siguiente paso, ¿cuál?

Dedicado a Sagrario, por su petición y por los momentos locos que todos tenemos cuando algo comienza.

domingo, 19 de mayo de 2013

¡¡Nominada a los Best Blog Awards!!

A.Z. muchas gracias por nominar mi blog (SusanaEnLaRed) a los Best Blog Awards, ¡¡estoy encantada!! Es cierto que esto es nuevo para mí, pero desde luego lo considero una oportunidad genial para conocer nuevos blogs, dar a conocer el tuyo y, sobre todo, ver de lo que es capaz la gente cuando pone en marcha su creatividad.



Espero no dejarme ningún cabo suelto, porque esto es una cadena que tiene sus normas y que paso a explicar aquí, por si alguno aún no lo sabéis:
1. Nombrar y agradecer el premio a la persona que te lo concedió y, si aun no lo sigues, hacerte seguidor de su blog.
2. Responder a las 11 preguntas que te ha formulado quien te ha concedido el premio.
3. Hacer 11 preguntas a las que deberán contestar tus premiados.
4. Informar del premio a las personas a las que se lo concedas.
5. Visitar los blogs que han sido premiados contigo.
6. Evitar premiar al blog que te ha concedido el premio para que la cadena no se rompa.

Paso ahora a responder a las preguntas formuladas por A.Z.

1. ¿Izquierdas o derechas? (Rompiendo el hielo).
Mejor ir hacia arriba.

 2. ¿Qué es lo que más te gusta del mundo blog?
La variedad de temas que ofrece.

 3. ¿Qué esperas conseguir de tu blog?
Nada en particular, escribir sobre lo que me apetezca y a quien le resulte interesante me lea y se entretenga.

4. ¿Qué superpoder te gustaría tener, si pudieras?
Me gustaría que con un solo chasquido de mis dedos pudiera transportarme a donde quisiera.

5. ¿Llevas tatuajes?
No.

6. ¿Dónde y qué?

7. ¿Qué libro estás leyendo ahora mismo?
El Velo pintado, de W.Somerset Maugham

8. ¿Qué estás escuchando ahora mismo?
A mi hijo canturrear mientras juega.

9. ¿Qué es para ti escribir en un blog?
Significa un rato de placer, de pasarlo muy bien escribiendo y más aún compartiéndolo con los demás.

10. ¿Qué es para ti la moda?
Ufff, un poco difícil de definir. La moda es lo que se lleva en el vestir, en los complementos..., y no solo en eso. Hay modas gastronómicas, tecnológicas... Puedes seguir la moda, puedes ir a tu aire, aunque a veces es difícil no hacerle caso porque si buscas algo fuera de "lo que se lleva", ¡¡no lo encuentras!!

11. ¿Qué es lo que menos te gusta de la moda?
Eso, que muchas veces cuando algo se lleva, porque lo dicta "la moda", lo demás desaparece del mapa.

Aquí van mis preguntas:
 
1. Defínete en dos palabras

2. ¿De qué va tu blog?

3. ¿Qué pretendes con él?

4. ¿A qué público quieres llegar?

5. ¿Qué sería lo máximo que te gustaría alcanzar con tu blog?

6. ¿Te gustaría que tu blog fuera un libro?

7. ¿A quién admiras?

8. ¿Cuál es tu libro de cabecera?

9. ¿Qué canción le pondrías a tu blog?

10. ¿Qué es lo que más te gusta del mundo blog?

11. ¿Hay mundo más allá de la Red?

Y estos son mis blogs ganadores:











Estos 10 blogs que he elegido me encantan y me gustaría que os dierais un paseo por ellos para que veais lo que es bueno.

¡¡Gracias!!


martes, 14 de mayo de 2013

Nuevas recomendaciones literarias (Infieles)

Continúo con mi serie de recomendaciones literarias, que me encanta y me está dando muchas alegrías, gracias a vosotros, claro.
Voy ahora con un tema picante: las infidelidades, sobre las que, como podréis imaginar, se han escrito infinidad de líneas. Yo precisamente tengo entre mis libros favoritos algunas obras que tratan, de lleno o de simple pasada, este tema, así que aquí os las pongo, por si os interesa.

* La Regenta (Leopoldo Alas Clarín). Es una gran obra, grandísima, que cuenta la historia de Ana Ozores en la ciudad de Vetusta, que casada con Víctor Quintanar se hace amante de Álvaro Mesía. Los celos, la traición y, sobre todo la religión, se unen en esta magnífica obra. 

* Ana Karenina (León Tolstoi). Es una obra muy intensa donde se entremezclan múltiples personajes que reflejan la vida y, muchas veces la hipocresía de la aristocracia rusa del siglo XIX. Las relaciones de Ana Karenina con su marido, Karenin, y su amante, Vronsky, son los ejes de esta historia con impactante final.

* Julia (William Somerset Maugham). Julia es una reconocida actriz que ve cómo poco a poco va decayendo su carrera. Mientras esto ocurre conoce al joven Tom Fenell, que dará un nuevo aire a su vida..., por el momento.

* El velo pintado (William Somerset Maugham). Como veis este es un autor que ya he repetido, no solo en este post, sino en algunos anteriores; es uno de mis favoritos. Sinceramente, aún no me he leído esta obra, estoy con ella ahora, la acabo de empezar esta semana. Me está gustando mucho y, desde luego, va de una infidelidad y sus consecuencias. 

* Mont Oriol (Guy de Maupassant). Una joven pareja viaja al balneario de Mont Oriol con la esperanza de lograr tener un bebé que se resiste a llegar. Una historia de pasión, romanticismo, traición y, también, mucho negocio.

* Una vida (Guy de Maupassant). Las obras de este autor, como podéis ver, me parecen interesantísimas. Esta es muy intensa y cuenta el desafortunado matrimonio de Jeanne y la infidelidad de su marido.

* La hoguera de las vanidades (Tom Wolfe). Me pareció un libro bastante divertido, al menos al principio, ya que comienza con el descubrimiento de una infidelidad por un error en una llamada telefónica (¡ups!). Luego se entremezclan las traiciones, accidente, racismo... Es un libro bastante largo y que pierde fuelle conforme va a avanzando, en mi opinión. Aunque he de decir que me gustó bastante.

* Lolita (Vladimir Navokov). En realidad no es una obra que trate sobre infidelidad, pero sí es muy impactante leer cómo Humbert Humbert se casa con Charlotte porque está fascinado por su hija, Dolores.

Hasta la próxima...


lunes, 6 de mayo de 2013

¡¡Vivan las madres!!

Ya he escrito unas cuantas veces en este blog como madre, pues ahora voy a escribir como hija, para celebrar, con un poco de retraso, el Día de la Madre.
Ay, qué se puede decir de una madre; reconozco que desde que lo soy valoro mucho más a la mía, me doy cuenta de la entrega que supone serlo, de las renuncias y los sacrificios que se van haciendo por el camino. Son cosas evidentes, que están ahí, pero que tal vez hasta que nosotros no nos convertimos en padres o madres, o no maduramos un poco, no vemos; es que ni reparamos en ello.
Las madres siempre están ahí, siempre escuchan, siempre perdonan, siempre ven de nosotros lo positivo y, por supuesto, siempre se apartan la última en su plato.
Irradian ternura, suavidad, entrega. A todos nos ha arropado en la cama nuestra madre cuando hemos sido pequeños (y no tan pequeños), y nos ha susurrado al oído palabras bonitas de buenas noches, o de simple cariño cuando hemos estado malos. Su mano posada en tu frente, para comprobar si tenías fiebre, era como el bote salvavidas o el seguro al que agarrarte.
Si tu madre sonríe, parece que todo va a ir bien, y si te pasa algo, al instante lo nota, te pregunta, indaga..., a veces parece un poco detective.
Yo me quedo con una cosa que me dijo mi madre cuando era más pequeña. Tuve una época en que no lograba dormir, me levantaba y siempre me encontraba a mi madre, sola en el salón, con la luz de la pequeña lámpara y leyendo un libro, descansando del día, cuando todo está en silencio y queda ese rato para ella sola. Me decía: "Si no puedes dormir, cierra los ojos y piensa en algo agradable, verás como lo consigues".
Ahora, pasados muchos años, me acuerdo siempre de eso, cuando me meto en la cama y cierro los ojos.

jueves, 2 de mayo de 2013

Los Yébenes, más que eso

Esta semana veo en la portada de una revista del corazón a Olvido Hormigos, la famosa ex-concejala que se ha hecho casi mundialmente conocida por realizar un video íntimo, o erótico, o como sea, y tener la mala pata de pasarlo y que se difundiera por doquier. Y al ver esta portada he pensado que qué rabia que un pueblo como Los Yébenes tenga que ser conocido y se hable de él constantemente en los últimos meses sólo porque esta tipa nos haya enseñado sus vergüenzas.
Los Yébenes es mucho más que eso; bueno, rectifico: Los Yébenes no es eso, no es esta mujer ni lo que representa (no sé muy bien qué representa, pero algo digno, desde luego que no). Este pueblo es una joya por muchas cosas y no sé si queriendo o no, esta mujer lo único que ha hecho es manchar ese nombre.
Tengo una relación muy especial y casi intensa con Los Yébenes desde hace muchos años; allí he conocido a mi marido y he pasado ratos buenísimos, divertidos e inolvidables, no sólo por él, sino por la gente que vive en este pueblo, cercana, amable, acogedora, que se presta a hacerte un favor antes de que lo pidas y, sobre todo, simpática. Por eso cuando veo a esta mujer hablando delante de un micrófono pienso que cualquiera de los muchos amigos que tengo allí diría cosas más inteligentes, o sería más divertido o arrancaría las risas de los espectadores.
Vale que lo que le ha pasado a esta señora es una faena, lo del vídeo, digo; que se lo mandes a tu ligue y acabe en manos de todo cristo viviente, y estés en boca de todos, pero desde luego con sus actuaciones posteriores (insinuar que ha sido un complot político o pedir un respeto que desde luego no ha sabido ganarse) a mí no me merece ninguna compasión. Y no me meto sus temas personales, familiares..., sólo me meto en la imagen que se ha estado dando de Los Yébenes, como de un pueblo retrasado, de la España profunda.
Eso no es cierto, no lo es; tal vez tenga gente más intransigente, o menos comprensiva, pero como en todos lados, como seguro que las hay también en Madrid o Barcelona o en cualquier otra ciudad. No se puede generalizar así porque es un tremendo error.
Los Yébenes tiene muchas, muchísimas cosas buenas que ojalá algún día sean tan conocidas como merece. La naturaleza que le rodea, su caza, su gastronomía... y un largo etcétera, aunque, la verdad, a mí lo que más me gusta es la gente que vive allí. ¡¡Va por ellos!!